Me hago viejo

pared

(Descárgala como fondo de escritorio)

Pasan los lustros, y aunque está mal decirlo, me siento mejor. Empiezo a renegar en exceso, quizá, pero veo como la fortaleza de lo aprendido me posiciona en algo firme, en alguien difícil de derribar. En los tiempos que corren (nunca mejor dicho), las zancadillas rasean por el suelo, generalmente por la espalda, y son muchos los que te quieren buscar la vuelta. Si has hecho bien los deberes, el tiempo, único juez de todos nosotros, arregla las situaciones. Y no estoy hablando de venganzas, justicias ni irrelevancias de ese género.

Hablo de cómo el tiempo reubica a los cretinos. Así de sencillo. Tras muchas batallas, muchas ganadas y muchas otras perdidas (en pro del aprendizaje, es mejor perder que ganar), el espíritu te queda mellado, se te termina rascando parte de lo que tú pensabas primordial, y van enseñando la cara esas cositas que llevamos por debajo, esa segunda piel, cayendo el rebozado de la pared, que pensabas te protegía.

Al final no cuentan las batallas, ni las cicatrices, sino la guerra. Y la guerra la libras contigo mismo, así que con el transcurrir del tiempo te descubres a ti, en un ejercico de desnudez, con tus descorchones y marcas de haber vivido. Y olvidas a los cretinos. Y en ese momento, el Tiempo, los acaba de poner en su sitio. El olvido.

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