Un hasta luego

puntos suspensivos

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La relación entre Gary y Marcela debería haber terminado hacía tiempo, pero ninguno de los dos sabía bien como ponerle fin. Se veían intermitentemente, a veces incluso sin ganas, pero es sabido que querer no es poder, y ni siempre se quiere ni siempre se puede.

En su última fase ya apenas hablaban, pero lo cierto es que la mirada seguía siendo incendiaria por ambas partes. Sentados cara a cara en las mesas de los cafés solían generar expectación. Los camareros podían tenerlos de clientes duarante más de dos horas, y morir de curiosidad por oir sus voces, que quedaban como un misterio hasta la hora de pagar.

Comprendieron, después de muchos cafés y muchos camareros intrigados, que ya no tenían nada que decirse, pero que seguían destilando pasión en el silencio. Comprendido este punto de su relación, variaron el rumbo de sus comunicaciones. Cada uno, con su cámara, hacía fotos de lo que quería enseñarle al otro. Cada cual tenías sus paranoias, sus fetiches y su modo de enseñarlos, pero ambos encontraron la misma instantánea para quedar al día siguiente. Unos puntos suspensivos eran claros. Mañana continuaremos.

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