Soy feo y presumo de ello

amarillo

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Comenzar diciendo que los colores tienen un significado propio y que van unidos a la parte más sensitiva y menos racional del ser humano sería tratar a los posibles lectores de poco letrados. Casi de idiotas. Visto que ya lo he hecho (podría editarme pero no quiero), diré otra obviedad. La belleza es algo subjetivo.

Realmente esto no aporta nada a lo que la estética no haya estudiado ya, y a algo que a principios del siglo XX se descubrió como un filón inagotable: La fealdad.

La fealdad como tal parece ser que no existe. Es decir, la cosa es tan nazi y tan excluyente, que feladad no es sino la ausencia de belleza. Cosas de la lingüistica, digo yo. El caso es que ante la veta creativa dentro de los parámetros que iban en contra de cualquier atisbo academicista, la fealdad se erigió en modelo a seguir de muchos artistas (el propio Velázquez ya se interesó por la extraña apariencia de los enanos, y hablamos de 1630-1640). Pero desconocemos si su intención era asirse a la innovación de lo feo, o simplemente era su insaciable hambre de aprendizaje.

Fue Goya quien sí, deliberadamente, acudió a los cánones de la carencia de belleza para demostrar que tenían una cualidad intrínseca mucho más poderosa que el vago concepto de belleza. La fealdad era capaz de estremecer, de causar por igual ternura y repulsión, ambigüedad y determinación. Su cuadro Dos viejos comiendo sopa así lo plasma. En este caso estamos hablando de 1820 aproximadamente. No será hasta el siglo XX cuando se explote esta variante del arte, pero Goya fue un precursor total, y su acercamiento a la fealdad no es sino la punta del iceberg que el artista aragonés fue.

…a todo esto…¿de qué hablaba yo? ¡Ah! ¡Sí! Del significado de los colores. Bah…poco que decir…que me gustó mucho el contraste del gris oscuro y el amarillo canario del paso de peatones. Poco más…Y que estoy orgulloso de ser feo. Odio lo bello.

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