Rancio como la vejez

cortinilla

Modo REC. Pocos años. No podría especificar el momento exacto. Tampoco creo que lo haya. Simplemente soy un niño de menos de diez años en casa de mi abuela. Recuerdo claramente el olor a tuberías en el retrete, la cortinilla de plástico de la ducha, un segundo comedor, no el que suele tener el televisor, sino uno diferente, frente a la cocina, siempre con la cocina cerrada.

Aparte de las estancias, lo que más me marcó eran los olores, los tactos. A la vista podía engañarla fácilmente, pero al entrar en combinación vista y tacto (me aterraba tener que tocar las mantas y cubrecamas que estaba viendo), saltaba la chispa y se producía el rechazo. En general sentía rechazo por todo aquello que se vinculase con la vejez. Me provocaba un ansia de huir que aún hoy lo hace. La vejez me sigue tirando para atrás.

Antes era sólo ganas de rehuirla, de no tener que entrar en contacto con ella. El tacto de la piel de las personas mayores tampoco lo llevaba demasiado bien…Besar a mi abuela era…bueno…protocolo, era imperativo legal. No me gustaba (y sigue sin hacerlo) tener que rozar la tersura de la piel sin tensión, blanquecina como ataviada con polvos talco y con, por lo general, pelusilla.

Hoy en día es una de mis luchas. Cuando uno se hace mayor se le establecen luchas internas que supongo se disuelven con el tiempo, igual que se curan las heridas. De niño no tienes porqué resolver nada. Se produce el rechazo y punto pelota. Evitas las situaciones y fin de la partida. Pero de adulto ya te han, valga el fácil juego, adulterado, y la mierda de la ética, de las formas y de la educación, te fractura de modo bastante violento el sistema de valores entre lo que deseas y lo que debes hacer. Y ser respetusoso es lo que debes hacer. Así que toca tragar.

Sigo en modo REC, y me parece divertido ver como la grabación que realizo hoy en día la desvirtúa mi conocimiento de algunas cosas, mis prejuicios, o simplemente mi gran ignorancia (la diferencia de cuando se es pequeño es que no sabes que es ignorancia…ahora hay conocimiento de causa). Me divierte ver cómo me han intoxicado (y cómo yo he permitido esta intoxicación).

Y esa telilla de la cortina, es, irremediablemente para mí, icono de vejez, de rancio, y de ganas de salir corriendo.

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