Monótono

verde monotono

Tras los diez minutos de cortesía…Inciso: algún día he de hacer un estudio en profundidad sobre las reglas, protocolos y mamarrachadas de ese grado que dicen qué es el buen comportamiento, la educación y los modales, porque al listo que cronometró ciertas normas sociales, había que pasarlo por el garrote.

Como decía, tras los diez minutos pertinentes (impertinentes diría yo) de cortesía, tuve que detener a aquel dechado de carencias comunicativas. De nada sirvieron mis bostezos, mis rascadas de nalga, mis urgamientos del pabellón auditivo…De nada. Mira que intenté ser descortés, pero nada. Tal era su monotonía hablando, que pasaba por encima de mis histrionismos y de mis llamadas de atención…

Al final tuve que hacer lo que tuve que hacer. Me puse la chaqueta, me colgué el bolso, di media vuelta y sin mediar palabra me marché. A mis espaldas seguía el discurso carente de ritmo, de inflexiones y de interés de aquel desconocido.

¡Qué peligrosas son las marquesinas de los autobuses, y qué malo es que se te escape uno por los pelos y te toque esperar quince minutos al siguiente!

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