Nano Vázquez Litero

chapas

Tras una larga mañana en bicicleta, desde el camping Sangulí hasta el Pósto de Cambrils, donde ni un recodo quedó sin escudriñar, la sed se apoderó de los tres chavales.

  • Miguel ¿tú llevas dinero?
  • Nada…-contestó Miguel con tono de si-nunca-llevo-por-qué-me-preguntas-a-mí-.

Mario se quedó mirando fijo al suelo, pensando en una solución que no fuese ir a la fuente. La picardía le iluminó la cara, y en décimas de segundo trazó un plan, infalible, de modo que los tres pudiese tomarse un batido de chocolate sin tener un céntimo.

  • Haremos una cosa. Nos iremos a aquella terraza -dijo mientras señalaba una pequeña cafetería junto al puerto pesquero-. Pediemos tres batidos, y a la hora de pagar, Nano perguntará por el baño e irá a…disimular, o si quiere que mee…eso da lo mismo. Con eso ganaremos su confianza. El resto, dejádmelo a mí.

Una hora más tarde, los tres habían apurado ya sus respectivas botellas, y el era el momento de ejecutar el plan infalible. Tal y como habían detallado, Nano preguntó por el baño, y allí fue, no sabemos si a mear o a disimular. Ese era el plan.

Con Nano dentro y los camareros relajados, Miguel y Mario se levantaron con parsimonia, montaron en sus bicis, dieron una primera pedalada, una segunda, una tercera…y fueron desapareciendo por el paseo marítimo, junto a los simpáticos veleros amarrados y danzarines.

Tres minutos más tarde salía Nano, al que, infaliblemente, el camarero cogió de una oreja y levantó hacia arriba con fuerza espetando: “Chaval, tus amiguitos se han pasado de listo contigo, así que como ya sospecho lo que me vas a decir, te diré yo algo antes: tras la barra está la fregadera, y dentro un buen montón de platos sucios, un estropajo y jabón. Ya puedes comenzar.”

Mario dijo que era un plan infalible. Nunca habló de los ya conocidos daños colaterales, que, para variar, son daños con nombre y apellidos: Nano Vázquez Litero.

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