Seco y oscuro

arena

Con el tacto en las plantas de los pies, Laura se acercó a la orilla del la playa, y descubrió el límite. Su límite. Cada cual tiene el suyo, y Laura buscaba el de la temperatura, lo buscaba descalza, que es como se buscan las cosas importantes.Pero decubrió que el agua le brindaba dos límites al precio de uno. Sintió la parte seca y húmeda, sintió la temperatura, la “pegajosidad”…y la vista, sin quererlo, le ofreció aquella parte oscura, sombría ante el sol, de la separación de dos mundos: el seco y el húmedo.

De nuevo se vio ante dos, ante la existencia del dos. Siempre la dualidad. Siempre. Hasta en las cosas más futiles.

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