El pomo

pomo

Sonó un entrecrujido extraño. Pensé que era la puerta de la entrada, viejuna ya y oxidada, que a menudo nos deleitaba con sinfonías y sonatas en Do menor, quejicosas y lloriconas, lindando ya a las películas de terror de serie B.

Hacia ella fue donde primero miré. Pero no se movía…Salvo el pomo. Como si alguien manipulase desde el otro lado…queriendo entrar…con pequeños empujones en la puerta a la par que giraba el pomo.

No llegué a preguntar quién andaba allí. A este lado de la puerta estaba yo solo. Y al otro, a saber. Sólo había una cosa que era pulcramente cierta. Y es que esa puerta, al otro lado, no tenía pomo.

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