arena

Escupiendo la arena que aún me quedaba en la boca, y con cara de enfado bastante evidente, grité, con rabia desatada, lengua torpe y escalofríos por la espalda de notar la arena rascar contra mis dientes:

¡Niño! ¡Niño! ¡Me cago en tu puta madre! ¡Como se te ocurra pasar por mi lado otra vel corriendo como lo has hecho, con tu puto cubo de hacer castillos y tu puta pala llena de arena, te va a caer una mano de hostias que te vas a enterar! ¡Y como pille a tu padre le voy a meter un kilo de arena en la boca, para que sepa lo que es tener eso en la boca! ¡Y a tu madre también le meteré algo en la boca, para que sepa también lo que es tener eso en la boca! ¡Corre y huye antes de que te coja, bandido cabrón!

Hizo bien el correr el párvulo. Si lo cojo, le cae la mano de hostias.

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